
miércoles, 19 de octubre de 2011
Experiencia en Imágenes

Experiencia Feria Libro 2011
El I.S.P. N° 8 Anexo Santo Tomé te invita a trazar garabatos de infancia.…. en el espacio “A CIENCIA CIERTA Y POR AMOR AL ARTE”….de la Feria del Libro 2011 en Santo Tomé
Los estudiantes recrearán junto con ustedes espacios poéticos .. científicos … que convoquen a soñar… a decir de otro modo… a reinventar historias…a narrar…a jugar con la palabra…a pensar el mundo y nuestras representaciones…… un mundo figurado ….hecho de ideas o entidades….andaremos enhebrando sentidos … entre la imagen de ciencia y la libertad de trazar con nuestras palabras los mundos posibles….
- OCTUBRE 6-7-8-9 de octubre 2011
Propuestas
Intervención
II"“ "La vuelta al día...en el país de las palabras” ...Palabras enhebrándose ...buscando sentidos…. en ciudades invisibles…Estudiantes de Nivel Primario y Nivel Inicial Coordinación: Prof. Angelina Baldengo , Prof. Paula Olivieri, Daniela Pavetto
Estudiantes Nivel Primario y Nivel Inicial.Coordinación: Prof: Natalia Benedetto
- Estatuas vivientes……
- Entre hilos y palabras
- Espacio Interactivo “¿Qué imagen de las ciencias tienen los niños?”Estudiantes Nivel Primario y Nivel inicial.Coordinación: Prof. Verónica López, Prof. Silvana Astesana, Prof. Huerto Vicino
Espacio interactivo “Explorando los cuadrados” Estudiantes de Nivel Inicial y Primario a cargo de Prof. Sandra Kernot
Taller “Tiempos en susurros”……a cargo de Estudiantes 2°Nivel Inicial.Coordinación Prof. Angelina Baldengo
sábado, 10 de septiembre de 2011
ciudades invisibles
Parafraseando a Italo Calvino inventamos nuestras ciudades invisibles... cerramos los ojos…posibles escenarios...dibujos mapas para recorrerla… Buscamos dentro de nuestra mochila ....en ella ha crecido una ciudad de edificios chiquitos que se asemejan a las alas de una mariposa... escribimos relatos breves...
martes, 6 de septiembre de 2011
ciudad manzana
mi ciudad
Marianela Corbo
La ciudad de los libros

En la ciudad de los libros, las calles de palabras confunden a los poetas; los carteles de dibujos, pierden a los artistas y vislumbran a los ciegos; los hoteles de poesías son observados por distraídos e ignorados por astutos.
Sin saber, los ciegos astutos construyeron los carteles, los hoteles de poesías se lograron por las palabras que confundían a los poetas y no las podían hacer coincidir y, esta ciudad ,fue realizada por los artistas ignorados que, distraídos tiraban sus bocetos de paisajes y tapas de libros.
Sofia Bonafede
lunes, 29 de agosto de 2011
ciudad dos
Ciudad, sin tiempo, sin prisa, habitada por sin número de formas y figuras, oscuras, claras y a veces borrosas, con alegres risas cual sonar de cascabeles.
Si quieres pasar, no llames a la puerta es que nadie te atenderá. Pues todos están en las calles, contando historias, de aquellos que pasaron por ahí llevándose todo y se fueron girando sin mirar atrás. Historias de abuelos, de amores, de sueños, de hijos.
Allí las noches no son tan oscuras como otras y los días son más cálidos que en las ciudades vecinas.
Es así que son las formas, que velan por las figuras. Y los ancianos de figuras borrosas esperan en los sueños, la llegada de mejores tiempos.
Y siguen sonando en el aire el cascabeleo de las risas, y las historias…
Carina Ferreyra
ciudad de ciudades
Cuidad constituida por grupos, de serios, bien acomodados, como dicen por ahí. Están los Portescos, los Jares, los Mennos y otros.
Todos ellos son grandes esferas, de ojos alargados, de mirada fría, muy estirados, impecables, esbeltos, inigualables, aplastan con su magnificencia.
No es poca cosa, el no ver a nadie que viva cerca de ellos, están siempre rodeados de muros.
Portescos, Jares, Mennos…… esferas, esferitas que vienen girando desde hace tiempo. Llenando su cuidad de ciudades, dejando los pueblos cercanos sin sus Cereneos, Artigas, Mondescos.
Ciudad que gira y gira llevándose todo lo que encuentra a su paso, cuidad de ciudades.
Desatentos, desiguales, parcos, dicen aquellos que los vieron pasar.
Oh! Grandes y esbeltas esferas, tan inescrupulosas.
Carina Ferreyra
domingo, 28 de agosto de 2011
ciudades invisibles

Una ciudad de papel, ruje al compas de los pasos andantes, y en ese caminar dejan huellas de sus historias... huellas que pintan en las paredes de pergamino...
palabras y garabatos de sonrisas...
Pliegues estirados de donde nacen los caminos, algunos interminables,
otros se corrugan formando las esquinas, cada esquina con su historia,
un bar de encuentros o desencuentros que adorna algún codo, otra rasgada, rasguñada sin compasión, tal vez testigo de una pelea o algunas se tiñen en corazones esas son las esquinas de los amantes que se despiden.
Del danzar de un par de manos, floreció una ciudad, con arquitectura origámica...
que el papel como un fiel espejo sabe reflejar.
Tantos pliegues existen como personas hay, algunos pliegues no van a ningún lado, pero son parte de un todo, un todo de ciudad, una ciudad miles historias...
Natalia Parra
viernes, 26 de agosto de 2011
La ventana abierta
| -Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel -dijo con mucho aplomo una señorita de quince años-; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme. Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto. -Sé lo que ocurrirá -le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural-: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas. Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas. -¿Conoce a muchas personas aquí? -preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa. -Casi nadie -dijo Framton-. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para algunas personas del lugar. Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar. -Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía -prosiguió la aplomada señorita. -Sólo su nombre y su dirección -admitió el visitante. Se preguntaba si la señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la presencia masculina. -Su gran tragedia ocurrió hace tres años -dijo la niña-; es decir, después que se fue su hermana. -¿Su tragedia? -preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias parecían algo fuera de lugar. -Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par en una tarde de octubre -dijo la sobrina señalando una gran ventana que daba al jardín. -Hace bastante calor para esta época del año -dijo Framton- pero ¿qué relación tiene esa ventana con la tragedia? -Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos menores salieron a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el páramo para llegar al terreno donde solían cazar quedaron atrapados en una ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano terriblemente lluvioso, sabe, y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera manera de preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo. A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió vacilantemente humana. -Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño spaniel que los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la ventana queda abierta hasta que ya es de noche. Mi pobre y querida tía, cuántas veces me habrá contado cómo salieron, su marido con el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando como de costumbre "¿Bertie, por qué saltas?", porque sabía que esa canción la irritaba especialmente. Sabe usted, a veces, en tardes tranquilas como las de hoy, tengo la sensación de que todos ellos volverán a entrar por la ventana... La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió en el cuarto pidiendo mil disculpas por haberlo hecho esperar tanto. -Espero que Vera haya sabido entretenerlo -dijo. -Me ha contado cosas muy interesantes -respondió Framton. -Espero que no le moleste la ventana abierta -dijo la señora Sappleton con animación-; mi marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen entrar por la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras después de haber andado cazando por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres ¿no es verdad? Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan las aves, y acerca de las perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para Framton, todo eso resultaba sencillamente horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero sólo a medias exitoso, de desviar la conversación a un tema menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera atención, y su mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era por cierto una infortunada coincidencia venir de visita el día del trágico aniversario. -Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me han prohibido toda clase de agitación mental y de ejercicios físicos violentos -anunció Framton, que abrigaba la ilusión bastante difundida de suponer que personas totalmente desconocidas y relaciones casuales estaban ávidas de conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su causa y su remedio-. Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo. -¿No? -dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento. Súbitamente su expresión revelaba la atención más viva... pero no estaba dirigida a lo que Framton estaba diciendo. -¡Por fin llegan! -exclamó-. Justo a tiempo para el té, y parece que se hubieran embarrado hasta los ojos, ¿no es verdad? Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una mirada que intentaba comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía puesta la mirada en la ventana abierta y sus ojos brillaban de horror. Presa de un terror desconocido que helaba sus venas, Framton se volvió en su asiento y miró en la misma dirección. En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia la ventana; cada una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de un abrigo blanco puesto sobre los hombros. Los seguía un fatigado spaniel de color pardo. Silenciosamente se acercaron a la casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: "¿Dime, Bertie, por qué saltas?" Framton agarró deprisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el sendero de grava y el portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para evitar un choque inminente. -Aquí estamos, querida -dijo el portador del impermeable blanco entrando por la ventana-: bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no bien aparecimos? -Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel -dijo la señora Sappleton-; no hablaba de otra cosa que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar ustedes. Cualquiera diría que había visto un fantasma. -Supongo que ha sido a causa del spaniel -dijo tranquilamente la sobrina-; me contó que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de perros parias hasta un cementerio cerca del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con esas bestias que gruñían y mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve pusilánime. La fantasía sin previo aviso era su especialidad. |
Las ventanas
El que mira desde afuera a través de una ventana abierta nunca ve tantas cosas como el que mira una ventana cerrada. No existe objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, más tenebroso ni más deslumbrador que una ventana iluminada por una vela. Lo que se puede ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que pasa detrás de un vidrio. En esa abertura oscura o luminosa vive la vida, sueña la vida y sufre la vida.





